¿Qué le pasa a mi microbiota?

Cada año en estas fechas casi la mayoría de pacientes se aquejan de lo mismo: dolor abdominal, malas digestiones, pesadez, ardores, exceso de peso etc.

El estudio de la microbiota humana, y en concreto la microbiota intestinal, está aportando mucha luz sobre la relación de la misma en la salud y la enfermedad que desconocíamos. Con respecto a la alimentación, nos ha dado un motivo más para cuidarla, vista la relación de lo que ingerimos y el estilo de vida que llevamos en la conformación de esta población de microorganismos intestinales que tanto influyen al parecer en nuestro organismo en general.

Los profesionales de la salud, más concretamente aquellos dedicados al campo de la nutrición con sed de nuevas respuestas sobre como influye la alimentación en nuestra salud, hablamos de la relación de la microbiota con esta como el nuevo gran descubrimiento de nuestros días, sin embargo, desde el año 400 A.C. Hipócrates ya daba importancia al tracto gastrointestinal (TGI):

“la muerte está en los intestinos”

“la mala digestión es la raíz de todo mal”

Hasta hace unos años teníamos algo olvidado a nuestro intestino, no ha sido hasta las últimas décadas, cuando se ha comenzado a hablar de la existencia de la microbiota intestinal con tanto interés, definiéndola como una serie de microorganismos no patógenos que habitan el intestino de los seres humanos y que cumplen roles tanto en el mantenimiento y promoción de la salud como en el desencadenar y generar enfermedades

Nuestro intestino desempeña funciones muy importantes no solo en términos digestivos como veremos. Podríamos simplificar diciendo de nuestro intestino que tiene dos funciones principales, una de nutrición (el principal trabajo se realiza en el intestino delgado) y otra de defensa. Los alimentos pasan al intestino grueso permaneciendo hasta dos y tres días. Ahí se producen una serie de reacciones con importantes consecuencias para todo nuestro organismo. La importancia de este y de todo lo que se produce en él hace que tenga repercusión en otros órganos, sistemas e incluso ser clave en el desarrollo de enfermedades.

Se siguen escuchando los términos “flora intestinal” o “bacterias intestinales”, pero considero más correcto que se denomine de forma correcta a la microbiota intestinal, por ello quisiera antes de avanzar mostrar la diferencia entre los dos términos más escuchados últimamente que se suelen confundir:

MicrobioTa: aquel conjunto de comunidades microbianas que colonizan un nicho ecológico, como es el caso de la
microbiota intestinal, cuyo nicho es el intestino. En su mayoría, las especies microbianas que colonizan el intestino son bacterias, pero es un error hablar solo de bacterias intestinales pues podemos encontrar también hongos, levaduras e incluso virus.

 

MicrobioMa: todos los genes de todas estas especies microbianas que viven asociadas a nuestro organismo. Tenemos en realidad más genes microbianos que genes humanos. Esto hace que estos genes en su conjunto, el microbioma, codifiquen diferentes proteínas, por tanto definen multitud de funciones influyendo en todo el organismo si está alterada nuestra microbiota.

El estilo de vida materno y el momento del nacimiento son ya claves en la conformación de la microbiota del niño, también lo son la lactancia materna que actúa como prebiótico promoviendo así el crecimiento de bifidobacterias. Además de todo esto sabemos que los niños que tienen hermanos mayores tienen un perfil más beneficioso de microbiota. Teniendo un papel protector en enfermedades de la piel.

Existen ya a día de hoy muchos estudios que han vinculado nuestro modo de vida a la composición de la microbiota intestinal. Factores como el estrés crónico, una mala alimentación rica en alimentos procesados, y ser más sedentarios, entre otros, podrían estar relacionados con la variedad de especies microbianas presentes en nuestros intestinos

En lo que se refiere al peso corporal sabemos que el mejor tratamiento a día de hoy sigue siendo trabajar en los cambios de estilo de vida, conseguir llevar una alimentación saludable y practicar ejercicio físico además de tener un buen entorno social.  

Por tanto aunque sí que existe una evidencia clara del rol de la microbiota intestinal en nuestro estado de salud y su relación concreta con el desarrollo de obesidad y gestión de los nutrientes. Lo que tenemos a nuestro alcance para su prevención y tratamiento continúan siendo las recomendaciones dietéticas y de actividad física tan repetidas. Algunos consejos al respecto que quisiera daros son:

·         Bebe agua, tanto para calmar tu sed como acompañamiento o en situaciones sociales, puedes en ellas añadir rodajas de limón u otra fruta, consumir infusiones o un café, evitando alcohol, zumos y refrescos.

·         Basa tu alimentación en verdura, hortalizas y frutas frescas y de temporada, y locales. Con esto no me refiero a que simplemente “los incluyas”, no como acompañamiento o guarnición, no en algunas comidas, te recomiendo que sean la base, que estén presentes en todas tus comidas e incluso de algunas pueden ser los únicos componentes.

·         Configura tus platos con alimentos lo menos procesados posible. Ya tenemos la base del punto anterior, el resto de alimentos intenta que sean de calidad. Aceite de oliva virgen extra para cocinar y aliñar, frutos secos naturales, legumbres, huevos, carnes y pescado no procesado o mínimamente procesados.

·         No realices un número determinado de comidas porque así esté establecido, distribuye las comidas según se ajusten a tus circunstancias, dando más valor a la composición de estas ingestas que a los horarios estrictos.

·         Realiza actividad física diaria, inclúyela en tu rutina y no como algo excepcional. Camina al aire libre, toma el sol, pasa tiempo en la naturaleza.

·         Respeta tus ritmos circadianos, duerme, descansa, mantén horario de sueño y descanso con el que encuentres que no despiertas cansado, añade horas de sueño de calidad a tu rutina.

·         Relaciónate con los demás, cuida las relaciones sociales, rodéate de personas que enriquezcan tu vida, cuiden su salud y den valor a un estilo de vida saludable, si no es así, transmíteles tu experiencia mejorando tus hábitos y ayúdales a que así lo hagan.

 

Gracias por leernos

Maribel Arias García